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El Zaragoza se aprovecha de un Sporting fallón (3-0) | VIDEO-RESUMEN + GOLES

El Real Zaragoza, que fue de menos a más en su desempeño y acierto como consecuencia de la aciaga actuación del contrincante, un Sporting de Gijón ignoto, lleno de fallos gruesos en defensa y medio campo, terminó goleando a base de aprovechar 3 de los múltiples regalos de gran calibre que le dieron los contrincantes. El equipo aragonés, así, asciende a la 10ª situación a solo 4 puntos de la zona de promoción de ascenso a Primera.
El duelo fue, a lo largo de toda la primera mitad, una nueva dosis de futbol arrugado, de quincalla, eso que en Segunda División ya hace un tiempo se vende como plata de ley y, los más atrevidos, tratan de hacerlo pasar por baño de oro de algún quilate. Los equipos son, generalmente, tal para como. Da lo mismo el nombre y el estilo. El que no tiene mas, tiene manzano. El Sporting de Gijón, contrincante de turno este lunes invernal, 2º clasificado hasta hace un par de semanas (semeja increíble viéndolo jugar), tuvo una cuarta parte de hora al comienzo del duelo en el que dio la sensación de que se iba a comer el mundo… mas fue una patraña en un medio plazo y un fraude de publicidad a largo. Por el hecho de que el partido de los cantábricos fue terrible en grado superlativo.

Hassan, su extremo derecho egipcio, comenzó pudiendo con Mollejo, su par, y provocó 3 incursiones de temor. En una, disparó raso en el minuto 4, fuera pegado al palo izquierdo de un Badía que terminó por no romper a sudar y se llevó la camiseta limpia al reposo. Ojo, fue lo único que hicieron los asturianos en la primera mitad. El resto, fuegos artificiales, mas de bengalas de aniversario y petardos de feria. Nada suntuoso. Gangas de cañizo de fiestas rurales. Al Real Zaragoza, siempre y en todo momento tan miedoso de cualquier contrincante, al que somete muchos de sus movimientos iniciales en todos y cada choque liguero (procedimiento Julio Velázquez), le costó descifrar que los rojiblancos eran más testera que poderío real. Mollejo espabiló pronto frente a la amenaza de Hassan. Se sintió enseguida señalado. Le marcó los tobillos en una presión de larga duración en una jugada en medio campo y ahí le bajó la fuerza. Fue como una tercera parte de encallas. Desde el minuto 10, fue Mollejo el que se comió al contrincante. Y así, en ese minuto, firmó la primera llegada al área con algo de cicuta: un centro-chut largo, al segundo palo, que se fue alto por un palmo.

Ya antes, en un pelotazo largo sin opciones para Azón (nulo, apartado) ni Mesa (otro semejante a su colega prácticamente toda la velada), un resbalón del portero Yáñez ya antes de pegar estuvo a puntito de producir un gol de documental de chanza, con música de Benny Hill, de esos que ya antes se ponían en Nochevieja para regocijo general. Algo que hubiese devuelto el favor de Poussin al Sporting en El Molinón, en el principio del fin del portero francés, de Escribá y quien sabe si de aquel Zaragoza que amagó ser pujante en el mes de agosto y algo de septiembre. Pura anécdota, puesto que el portero de los astures corrigió a tiempo y evitó el absurdo infinito.

En el 16, Moya tuvo una falta gemela al filo del área a aquella que lanzó a la escuadra hace un par de semanas y produjo el segundo gol frente al Andorra, con la chilena siguiente de Gámez, esta vez baja por lesión, lo que favoreció el debut del franco-tunecino Zedadka. Esta vez, por un par de veces, lanzó a la barrera. Se quedó corto de fuerzas y de golpeo inferior al balón. El Real Zaragoza llegaba cerca de la zona del riesgo con cuentagotas. Su juego prosigue siendo soporífero. De control atrás, de mucha presión en todas y cada una de las zonas (asimismo los delanteros se lo trabajan bien), mas de muy escasa salida en control de medio campo cara el área. Zedadka remató alto de volea en el 30 un centro largo de Mollejo (solo este jugador aparecía en todas y cada una de las fotografías del juego ofensivo, a base de corazón, más que de calidad).

Y así, en el parsimonioso tempo del juego de las dos escuadras, llegó el gol que abrió el marcador. Como frente al Andorra, ya cerca del intermedio y entre el aburrimento global. Una pérdida del Sporting en la salida dejó a Francho supervisar un balón en 3 cuartos, ver el desmarque de Mollejo en el segundo palo y ponerle un centro de rosca valiosísimo. El manchego armó el cuerpo, remató con la frente y, cuando el balón se iba fuera del marco por el palo contrario, el veterano zaguero argentino del Sporting Izquierdoz metió la puntera de modo suicida y se marcó en propia portería. Un obsequió que dar las gracias en días de carestías. El versátil zaragocista mereció que el tanto llevase su firma, mas no puede ser. No se puede forzar tanto la evaluación.

Velázquez había conseguido otra vez su propósito: anticiparse en el marcador con poquísimas llegadas, con escasos remates. Ese plan ya inoculado a la plantilla que afirma que hay que guardar la portería propia a cero y hacer largos los partidos. Pues así, va a haber muchos días en que va a caer la breva sola de la higuera, a poco que se la madure, se mueva el árbol y se merodee de cuando en cuando a los porteros contrincantes. La Segunda de España de 2024 deja apostar por semejante tacañería como modelo de juego que patrocine aspirar a la promoción de ascenso al final del curso. No es una Liga de brillos, ni de adornos bonitos, ni de acabados frágiles. Con un equipo de batalla se puede hacer lo mismo o más que si se procuran frivolidades en un sitio sin espacio ni humor para esto.

El reposo apenas cambió nada. Por el hecho de que el que debía reaccionar, que era el equipo de Gijón, salió dormido. Raúl Guti, en su redebut zaragocista, lanzó al palo tras un pase atrás de Zedadka (el otro estreno del día) en una contra bien llevada por 4 zaragocistas en el minuto 49. Ahí hubo de estar la sentencia. En la acción, el ‘goleador’ Izquierdoz lo golpeó a toro pasado en un tobillo y la rodilla le hizo un muy, muy feo ademán. Fue atendido el canterano, muy dolorido. Procuró proseguir, mas terminó roto. Llorando como una Magdalena se fue reemplazado por Grau en el 55. Huele a debut y baja para un tiempo prudencial. Vamos a ver el parte médico, si lo hubiere.

Mientras, los asturianos dieron señales de algo de vida en el 56, con un disparo de Gaspar Campos desde la frontal del área que se le fue alto por poco. Y las confirmaron, con el Zaragoza aculándose poco a poco más por instinto propio y por orden del banquillo, en el minuto 62 con un disparo al travesaño de Cote, tocado por Badía, tras una dejada atrás de Otero. Todo ello en pleno acoso rojiblanco, sin cesar frente a la incapacidad zaragocista por manejar el balón a lo largo de una cuarta parte de hora de verlas venir, aprovechando el beneficio y a la espera de que la higuera diese más adelante otro fruto en forma de breva. Estrategia cosechera.

Y, efectivamente, Velázquez tiene su aquel en esto de poner la cesta justo donde caerá el higo maduro. Es el habitual harriero al que hay que continuar a distancia y descubrir de dónde saca lo que lleva a casa. En el 65, en una salida desde atrás del Sporting en la que sus jugadores se liaron malamente, Maikel Mesa le hurtó la pelota a Rober Pier y, solo ante Yáñez, lo batió por bajo. Era el 2-0, surgido del margen del libro, donde no había letras que leer a primer aspecto. Otro tanto para el canario. Este jugador está desaparecido toda la noche y, cuando sale de la sombra, apunta y mata. Su rentabilidad, alén de su perseverancia, que no es mucha en el ritmo de las combinaciones, es soberbia.

Y a fin de que los regalos y donaciones de los gijoneses no se quedasen en pares, el guion de la obra trajo enseguida un tercero. Sacó largo Badía con el pie, el balón botó en medio campo asturiano, Rober Pier le pasó la pelota al portero Yáñez de cabeza y este, incomprensiblemente, lo dejó escapar sin atajar. Una charlotada. La devolución, ahora sí, de aquello de Poussin en El Molinón. Francho, que la vio venir, se quedó solo a puerta vacía y marcó el 3-0 entre el cachondeo del graderío y la solicitud de cambio de Yáñez al poco (este portero despreció fichar en verano por el Real Zaragoza por el hecho de que deseaba asegurar su titularidad). El karma existe.

En los minutos finales, el Real Zaragoza pudo haber redondeado una goleada para rememorar. Mas ni pudo si supo hace más sangre. Sergi Enrich, recién aparecido, remató a la media vuelta y centro raso y su vaselina, en semifallo, la sacó a córner Christian Sánchez, el suplente, en el 84. Y Manu Vallejo, en el enésimo fallo horripilante de Rober Pier en el 88, se quedó codo con codo frente al portero y remató contra su cuerpo. La grada celebró como debía un marcador tan holgado y anormal en Segunda. Entran pocos en docena. En el presente de lata, un 3-0 hace olvidar los modos y formas. Hoy cuenta el qué y el cuánto. No el de qué manera ni el porqué. Así que el partido terminó con el himno cagando leches en las gradas. La bisutería asimismo viste. Si señor. Que absolutamente nadie lo niegue ni lo ponga en duda.

TiroAlpalo